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Educación para todos no significa que no se respeten las diferencias - Artículo Diario "La Nación"

La caída del mito de la modernidad. Educar por razones y no por objetivos.

6 abril, 2016

Durante el último siglo, fundamentalmente en su primer mitad, los niveles de desarrollo y autonomía del nivel técnico-científico alcanzado en el mundo sostuvieron la idea moderna de progreso.

El “progreso” en la modernidad se sostenía en la creencia de que había un proceso en sentido siempre creciente, lineal y positivo que, como mucho, podría llegar a ser algo elíptico en algún momento, pero siempre se presentaría de forma ascendente.

Esta visión del mundo tiene un componente que resulta fundamentalmente normativo, donde en definitiva se hace un juicio de valor de la historia: el presente es mejor que el pasado y el futuro será mejor que el momento actual.

Entender el progreso como un destino unidireccional significó entonces obviar un conjunto de subjetividades y ritmos en el desarrollo que hacen a la diversidad. En definitiva, uno solo podía llegar a ser un ciudadano libre y emancipado si tenía un conjunto de saberes universales definidos por otros aun cuando muchas veces éstos carecían de sentido para el estudiante.

Tanto el mundo educativo como el mundo del trabajo (si es que cabe pensarlos por separado) se movieron y aún lo hacen con esta lógica. Sin embargo este modelo hoy está en crisis. El mundo ya no se presenta como un espacio de certezas y las fisuras de estas concepciones están patentes: colegios con alumnos apáticos que no le encuentran sentido a sus clases, jóvenes expulsados del sistema educativo que no tienen un espacio que los incluya y profesionales hipercalificados, con títulos que por otro lado están cada vez más devaluados. Todas expresiones diferentes de un viejo deber ser.

Ante tal escenario se podría tal vez volver a preguntas fundantes que aclaren el panorama. ¿Qué hay después de la caída de las certezas? Pensar para qué se educa y qué es lo que buscamos cuando nos ponemos a estudiar hoy resulta necesario. La caída del mito de la modernidad abre la posibilidad a entender un mundo complejo, de múltiples caminos que incluyan más al otro, con nuevas subjetividades que traerán nuevas respuestas y seguramente nuevas preguntas.

Hay viejas lógicas a las que habría poder escapar. Pensar en el proceso de enseñanza con una estructura maestro/alumno, sin tener en cuenta el contexto de aprendizaje y la tecnología disponible, acota posibilidades y achica unidades de análisis. Definir la profesión como “carrera laboral” encierra una trampa: es una carrera que no tiene línea de llegada y si se llega a vislumbrar alguna siempre estará en constante movimiento.

Quedará por delante estar atentos a los nuevos mitos por surgir, así como la idea del progreso tecnológico se enmarcó dentro del esquema moderno, la era posmoderna no deja de presentar sus propios mitos y fantasmas: la promesa de no estar solos gracias a una hiperconectividad, el confundir acceso a la información con acceso a conocimiento o la aparente imposibilidad de demarcar límites pueden ser algunos de ellos.

Si saber es probar (en el sentido más amplio del término) será cuestión de encontrar aquellos espacios que, por más disímiles y disconexos que parezcan, tengan un sentido para cada uno de nosotros.

Por Ignacio Bresso

Psicólogo