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Qué nos hace viejos - Opinión en el Diario La Gaceta - Mercado laboral

La edad no es un condicionante, en la medida que no disminuya la capacidad para cumplir alguna meta. Pueden haber “jóvenes viejos” si estos no desarrollan un proyecto de carrera y se conforman con estar en zona de confort. Autor Marcelo Aguaysol LA GACETA “La muerte de uno de nuestros ancianos es lo que para […]

19 mayo, 2015

La edad no es un condicionante, en la medida que no disminuya la capacidad para cumplir alguna meta. Pueden haber “jóvenes viejos” si estos no desarrollan un proyecto de carrera y se conforman con estar en zona de confort.
Autor
Marcelo Aguaysol
LA GACETA

“La muerte de uno de nuestros ancianos es lo que para ustedes sería el incendio de una biblioteca de pensadores y poetas”. En su libro “Antes del fin”, Ernesto Sábato recordaba las palabras del poeta senegalés Leopold Senghor a propósito del valor de la sabiduría de los consejeros africanos. Y, trasladada al mundo de las organizaciones, es la experiencia que acumulan los recursos humanos de mayor edad. Claro está que, en tiempos donde manda la tecnología, muchos de ellos se sienten aislados y, frente a la realidad constante, hay cierta resistencia al cambio. Pero, ¿cuánto pesa la edad para sentirnos viejo en una profesión o en un oficio? ¿Es válida la estigmatización de aquellas personas con más años en la empresa y que, algunos consideran que están pasados de moda? ¿Cómo adaptarnos a ese renovado contexto en el que las cuestiones generacionales son tan marcadas?

No todo pasa por la edad. Como dice Julio Bresso, director de Bresso Consultoría & Management, “uno es viejo cuando no tiene proyectos”. Tan sencillo como ponerse metas que nos mantenga vivos en nuestra etapa activa en el trabajo. Y tal vez ese sea el motor que mueve al vocal de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Carlos Fayt, a concurrir todos los días a la sede del máximo tribunal, leer sentencias y afianzar el sentido de responsabilidad en el cargo a sus 97 años de edad. Es que el paso de los años no hacen más que afianzar los valores que incorporamos a lo largo de nuestra existencia. Experto en Recursos Humanos y Desarrollo de estructuras organizacionales, Bresso sostiene que, en la actualidad, prima más el culto a la juventud y a la estética, que es lo que más impacta en el mundo de las empresas, que el conocimiento adquirido. “En este aspecto, las compañías y sus directivos deben apuntar más hacia un equilibrio de su capital humano, entre jóvenes con capacidad natural para entender y manejar la tecnología y los empleados de más experiencia que, en definitiva, pueden convertirse en mentores, que logren traspasar sus conocimientos a las nuevas generaciones, sin generar brechas laborales en puestos sensibles de la empresa.

“Por una cuestión económica, muchas empresas terminan despojándose del capital humano valioso y se quedan sin su historia, más allá de que la ley argentina diga que a los 65 años se corta su actividad”, sostiene.

Dónde están

Vencer la estigmatización interna en la empresa es una tarea difícil para los departamentos de Recursos Humanos. ¿Cuáles son los síntomas de “lo viejo” dentro de la organización? En una rápida evaluación surgen frases que denotan cómo los otros miran a los más experimentados. Guillermo Occhipinti, director de Dux y MBA en Administración de Recursos Humanos, señala algunos ejemplos: uno de los síntomas más claros es el ascenso de los más jóvenes. Generalmente, los de menos edad suelen cargarlos porque es el más veterano y en las reuniones le dicen “vos que estás desde hace mucho…”

Pero eso no se agota en la edad. Occhipinti añade que todo depende del interés que la persona le ponga a su tarea cotidiana. Sea joven o maduro. En este aspecto, mucho tiene que ver la teoría elaborada por Edgar Schein, profesor de la MIT Sloan School of Management, sobre las “Anclas de carrera”. Schein señala que las personas tienen comportamientos y motivaciones diferentes; una personalidad, aptitudes y habilidades (talento), motivaciones e intereses personales únicos, que guían sus proyectos de carrera y expectativas profesionales, más allá de la edad. “Una de las anclas está relacionada con la seguridad y la estabilidad que lleva a que muchos empleados se mantengan en una zona de confort y el sistema termina paralizándolos y hasta conviertiéndoles en jóvenes viejos. Aquella comodidad o confort los termina envejeciendo”, puntualiza.

En el espíritu individual frente al trabajo y las ganas de cumplir objetivos y fijarse metas, no condiciona ni la generación, ni el sexo, ni la edad, ni la profesión, ni el horóscopo, sintetiza Occhipinti.

Evaluaciones periódicas

En las cuestiones laborales, todo rol debe estar acorde a las capacidades y a las habilidades, que pueden estar presentes tanto en un “Millenials” (nativos digitales) como en un “Baby Boomers” (entre 50 y 60 años). “La edad, en muchos casos, nada tiene que ver con la capacidad de la personas para desarrollar tal o cual función”, expresa Paula Molinari, CEO de Whalecom.

Sin embargo, la directora académica del Programa Ejecutivo de Recursos Humanos de la Universidad Di Tella considera que hay síntomas que pueden definir si estamos viejos para tal o cual trabajo. “El más directo es darse cuenta de que no te salen las cosas como antes, como por ejemplo el caso de un futbolista que -en su juventud- corría demasiado y ahora no tiene aire para los dos tiempos”, ejemplifica.

Otra señal, según Molinari, está dada por lo que pasa con el otro que está mirando y esperando por la conclusión de una tarea determinada. “Generalmente, en las organizaciones, esa otra mirada está dada por los sistemas de evaluaciones, como el caso de los pilotos de avión que cada seis meses deben hacer un test que certifiquen su aptitud para el puesto”, indica. A su criterio, esto debería existir en todas las profesiones que impliquen un alto impacto en la vida de los demás. “Sea un taxista, un conductor de un transporte escolar, el de un avión y hasta el de un juez”, puntualiza. En esos casos, la certificación debe ser más rigurosa. En suma, Molinari considera que hay que dejar de lado la cuestión generacional, sino enfocarse más en la contribución que esa persona puede efectuar a los proyectos, a las metas empresariales y hasta los resultados de la organización. “De hecho, en los niveles directivos de las compañías ves que hay mucha gente grande, pero no es toda”, agrega. El eje central de la discusión pasa por las capacidades. “La cuestión esencial es que si no la tienes, por más joven que seas es probable que no cumplas una meta; distinto es el caso de alguien que la tuvo y que, con el paso del tiempo o por alguna circunstancia, ha dejado de tenerla”, completa Molinari.

En el mundo, en definitiva, hay una orientación a sentirse y actuar como jóvenes. De hecho, con la prolongación de la expectativa de vida, los “babyboomers” encaran esta nueva etapa con energía, salud y mucha capacidad. Y esto lleva a un gran combo, según Molinari: adultos capaces con energía y autonomía en un mundo con oportunidades nuevas. Viejos son los trapos, cuando hay proyectos de carrera. Lo que nos hace viejo en el trabajo son más las actitudes que las aptitudes. Y, en este proceso, las empresas pueden incentivar políticas que tiendan a que los adultos transmitan sus experiencias a los más jóvenes y que estos, a su vez, estimulen la innovación tecnológica en aquellos. Todo un desafío.